El Shih Tzu es una raza de perros sumamente antigua (los primeros datos encontrados sobre ellos datan del año 1.000 AdC) originaria de China. No hay una opinión generalizada sobre su origen, pero se suele dar como aceptable que descienden de los parecidos perros tibetanos Lhasa Apso.

Aunque hay grandes variaciones de tamaño entre perros, un buen Shih-Tzu debe ser pequeño, sólido y algo pesado. La altura hasta los hombros de un Shih-Tzu maduro debe oscilar entre los 22 y los 28 cm. Su peso ideal ronda entre los 5 y los 8 kg, y su andar torpe y su expresión dulce y cálida, un poco lastimera, le da un aspecto perezoso y simpático. Sin embargo, es un perro fuerte y muscular, que necesita de ejercicio continuo para no caer en problemas de sobrepeso; de dos a tres paseos diarios colmarán sus necesidades de deporte y le evitarán su natural tendencia a engordar. Además, necesitan ser bañados el mínimo de una vez al mes y, si se mantiene su pelo largo, necesitan cepillados constantes para mantenerlo sano y en buen estado.

La cabeza de estos perros es grande y redonda, y los ojos, de color negro (y en pocas ocasiones marrón o incluso azul) siempre son enormes, por lo cual hay que prestarles un cuidado especial si se quieren evitar problemas de salud. El hocico es corto y chato, lo que a veces les produce problemas de respiración; por ejemplo, es bastante habitual que ronquen sonoramente. Sin embargo, un Shih-Tzu que haya sido bien cuidado y no haya tenido grandes problemas de salud puede llegar a vivir unos 23 años, tratándose de una de las razas caninas más longevas conocidas.